Derechos culturales y Presupuesto Nacional 2018 – Guillermo Valdizán

En Perú la democracia tiene prohibido el acceso al Ministerio de Economía. Se ha aprobado un Presupuesto Nacional 2018 que ha sido señalado como centralista, cortoplacista, que no apoya la diversificación productiva y que no puede ocultar su abdicación a los intereses de empresas privadas a las que ha privilegiado con cuantiosas exoneraciones tributarias (entre las más conocidas están las exoneraciones a la empresa chilena LATAM). En ese debate la Campaña Más Cultura Más Perú, iniciativa ciudadana de diversas organizaciones culturales, ha impulsado la exigencia del 1% del presupuesto nacional para el sector cultura (a nivel local, regional y nacional) de manera descentralizada y que priorice la inversión directa a iniciativas culturales de la gente. Esta campaña, que durante todo este año ha realizado un arduo trabajo nacional de articulación e incidencia, ha logrado poner en el debate público la importancia de invertir en nuestros derechos culturales. Las voces más recalcitrantes de la derecha peruana han arremetido contra este planteamiento en varios medios de comunicación indicando dos tipos de argumentos: 1) invertir en cultura es un lujo que no puede darse un país con tantas necesidades como el nuestro; e 2) invertir fondos públicos en iniciativas culturales es apoyar a privados.

Al respecto es necesario indicar que la cultura no es un lujo sino una necesidad vital del ser humano pues en ella reside la posibilidad de cultivar un sentido de vida, es la fibra de nuestros modos de relacionarnos como sociedad, de nuestras formas de expresarnos y de vivir nuestras identidades, tradiciones, memorias, así como de producir innovaciones partiendo de nuestra creatividad individual y colectiva. En los derechos culturales reside la potencia transformadora de una sociedad y su horizonte de expectativa sobre la pregunta ¿qué tipo de sociedad queremos ser?, ¿queremos seguir siendo racistas, machistas, corruptos o queremos tejer otro tipo de relaciones entre nosotros y nosotras, más saludables, productivas y festivas? Esta es la potencia que históricamente se quiere debilitar. Lujos son las exoneraciones tributarias a las grandes empresas, la condescendencia con empresas evasoras de impuestos o que gozan de privilegios fiscales.

Por otro lado, es maniqueísta indicar que invertir en cultura es darle plata a privados. Esto se mencionó respecto al proyecto de ley de cine y audiovisuales que, aun siendo una propuesta tibia del Ejecutivo, ha sido duramente combatida. Este proyecto debe entenderse en la lógica de diversificación productiva, cuyo fortalecimiento sería altamente rentable, pero que implica inversión y planificación de mediano plazo. Quienes actualmente postulan a este tipo de convocatorias (Premios DAFO) son en su mayoría empresas pequeñas y medianas. Queda así clara la jugada: apoyo a las grandes empresas que se mueven en el mercado internacional y obstrucción al desarrollo de empresas que podrían fortalecer mercados nacionales diversificados, especialmente en el ámbito regional. El argumento político reforzaba el prejuicio de La Cultura (en mayúsculas) como propiedad de las elites. Al final la mayoría fujimorista recortó a la mitad el presupuesto planteado para esta ley.

Este debate presupuestal coincidió con el estreno de la película “La Paisana Jacinta”, personaje que ha tenido muchos años en televisión denigrando la imagen de las mujeres andinas. Este es un claro ejemplo de la necesidad de contar con políticas públicas en cultura y de contar con presupuestos dignos para implementarlas. Es por ello que la Campaña Más Cultura Más Perú, junto con otras iniciativas ciudadanas, ha solicitado extender el plazo de la aprobación de la Política Nacional de Cultura (impulsada por el Ministerio de Cultura) para que sea debatida de manera democrática, participativa y en plazos viables (entendemos que esa solicitud ha sido aprobada), así como también ha incidido a nivel de Congreso de la República en el debate sobre el presupuesto. Lejos estamos de haber logrado nuestros objetivos, tanto a nivel social como presupuestal, sin embargo consideramos vital que el sector cultura haya levantado su voz en varias partes del país y se haya movilizado en la defensa de los derechos culturales de todos los peruanos y peruanas. Aportar humildemente a ello creemos que ha sido nuestro principal logro. Queda seguir organizándonos, fortaleciéndonos y dotando de mayor contenido a esta exigencia. No podemos llegar al Bicentenario sin un proyecto de país que tenga como cimiento el florecimiento de su diversidad cultural.

 

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