Oligopolio farmacéutico/ Pedro Francke

La consolidación de un monopolio en las cadenas de farmacias ha generado, con razón, a una oleada de críticas. Pero el abuso en el mercado de medicinas está presente en el Perú hace rato: este nuevo monopolio sería como una raya más al tigre.

No estamos hablando de poca cosa. Estamos hablando de ventas de medicinas de más de 2 mil millones de dólares, con un abultado margen de ganancias de farmacéuticas productoras de medicinas (sobre todo trasnacionales) y de cadenas de boticas (dedicadas a la comercialización). No es por gusto que Intercorp está pagando 580 millones de dólares por este negocio.

Es muy importante también para los peruanos y nuestro derecho a la salud: más del 60% de las medicinas en Perú se venden directamente al público en las farmacias y boticas, repartiéndose el resto entre el sector público (MINSA y ESSALUD, concentrados en productos de bajo costo), y seguros privados y empresas.

Si el estado efectivamente garantizara que todos los peruanos, en particular los que tienen el SIS o EsSalud, tuvieran acceso a las medicinas que necesita, estaríamos ante un caso más de cómo los monopolios y trasnacionales se aprovechan del estado. Tal situación efectivamente sucede, siendo el caso emblemático el del Atazanavir, remedio para el VIH/SIDA por el cual el estado peruano paga 20 veces más que en Bolivia porque reconoce la patente y el monopolio, lo que no se hace ni en Bolivia ni en Ecuador ni en Colombia, significando una pérdida de más de cien millones de soles de nuestro estado. Pero para muchísimos peruanos la situación es peor, porque las instituciones públicas de la salud a menudo no tienen las medicinas y entonces quien no tiene el dinero necesario pues simplemente verá negado su derecho a la salud, una terrible realidad cotidiana en nuestro país.

PRECIOS ABUSIVOS

El hecho de que en el Perú pagamos demasiado por las medicinas es algo estudiado y establecido hace bastantes años. Expertos del BCR, estudiosos del CIES – Consorcio de Investigaciones Económicas y Sociales, tesis universitarias, ONGs internacionales, han comparado precios con otros países y establecido este hecho desde hace al menos un par de décadas.

En mi familia, hemos constatado con la levotiroxina que sus precios son más baratos en farmacias de Ecuador, Bolivia y Brasil, donde se venden incluso a menos de la mitad de precio que acá. En el Perú hemos ido de mal en peor: los precios han subido fuerte el año pasado porque ya el genérico no se encuentra. A mí, personalmente, hace unos años Inkafarma me trató de vender una medicina a 10 veces el precio al que se podía comprar, en la misma cadena, un genérico equivalente, y solo después de insistir porque sabía que había opciones más baratas, me ofrecieron una de menor precio. Pero esa posibilidad es algo que no saben la mayor parte de los consumidores, que a menudo van confiadamente a la farmacia a pedir un producto y terminan pagando mucho más de lo que podrían conseguir en otra parte o con otro nombre pero la misma composición química. Al que quiera evitar estos abusos, una opción que les recomiendo es el “Observatorio Peruano de Productos Farmacéuticos” (observatorio.digemid.minsa.gob.pe), donde se puede comparar precios con facilidad.

Desde el punto de vista de las políticas públicas, sin embargo, es indignante lo poco que hace el estado en el mercado de medicamentos para promover precios más competitivos y más al alcance de la gente. Por ejemplo, el ministerio de salud debiera promover que ese observatorio de precios sea conocido por la gente, pero aunque podría promover que haya precios mucho más justos, está prácticamente escondido. Apostaría a que ni uno de cada cien lectores sabían que existía esa facilidad.

Las cadenas de boticas son parte del problema, habiendo llegado al extremo de ponerse de acuerdo entre varias para subir precios, lo que tuvo que ser sancionada por Indecopi por casi 9 millones de soles. Lo paradójico es que ahora cuatro de las cinco cadenas que concertaron precios elevados pertenecen al mismo dueño y pueden subir los precios sin ninguna dificultad.

Pero las cadenas de boticos no son el único problema. Son diversos los mecanismos mediante los cuales se limita la competencia y se elevan los precios al consumidor. El problema comienza con un monopolio legalizado: las patentes. En el caso de las medicinas, las patentes juegan totalmente en nuestra contra, ya que carecemos de toda investigación en el tema. Mediante ellas, se permite que las trasnacionales cobren lo que quieran – es así, literalmente- al negarse cualquier competencia que pudieran tener por 20 años; quien quiera vender un producto sin ser el dueño de la patente será perseguido por la policía y los fiscales. Los TLCs firmados por Alejandro Toledo y Alan García han incluso prolongado el periodo de esos monopolios y el TPP negociado por Ollanta Humala lo agravaba aun más, pero con la salida de los Estados Unidos del mismo (gracias Donald Trump por tu estupidez!), Canadá, Nueva Zelanda y otros países se han opuesto y han logrado eliminar estas ventajas adicionales que en el TPP se estaban dado a las trasnacionales farmacéuticas.

Pero luego, cuando ya las patentes han terminado y la competencia puede surgir, el problema sigue. Esta competencia puede venir de los llamados genéricos, pero los pacientes en muchos casos ni siquiera saben que existen porque a menudo los médicos no cumplen con su obligación legal de incluirlos en las recetas y en otras oportunidades se les hace mala fama. Las trasnacionales también han logrado, mediante tinterilladas ante jueces veniales, restringir con diversos pretextos la competencia en un gran bloque de remedios contra el cáncer, llamados “bioequivalentes”. Hay otra gran cantidad de prácticas no competitivas, con visitadores médicos que se convierten en una fuerza para reforzar el poder de mercado de los productos más caros, trasnacionales farmacéuticas que retiran o ingresan sus productos estratégicamente para afectar la competencia y boicots abiertos a las licitaciones públicas por parte de trasnacionales concertadas cuando les conviene. Finalmente cuando las personas llegamos a las boticas, éstas siempre están interesadas en vendernos los productos más caros y también ahí nos ocultan que existen opciones más baratas.

No es difícil tampoco imaginar cómo, habiendo en juego decenas de millones de soles en este mercado, existan poderosos lobbies actuando con todos los medios, legales e ilegales posibles, para aumentar sus ganancias, incluyendo el manipular las regulaciones. Es conocido internacionalmente que las trasnacionales farmacéuticas son de las más lobistas y tramposas que hay, como documentan por ejemplo dos premios nobel de economía, George Akerlof y Robert Shiller, en su libro Phishing for Phools”, incluyendo la aprobación en Estados Unidos de medicinas que han causado severos daños a la salud por pasar por agua tibia pruebas de eficacia mal hechas.

Por todos estos problemas en el mercado, que surja en el Perú un monopolio en las cadenas de boticas es particularmente preocupante. Intercorp, el grupo que ahora es dueño de este monopolio, ha dicho que no va a subir los precios: no les creo ni un poquito. Quizás ahora con el escándalo se aguanten un tiempo, hasta que pase el roche. Pero dado que el objetivo de toda gran empresa es tener las mayores ganancias posibles, lo más probable es que caigan en la tentación de subir precios tarde o temprano. Sobre todo, sabiendo lo poco y mal que actúa el estado peruano en este terreno ¿o acaso hemos visto sanciones de Indecopi a los monopolios que ya existen en diversos rubros, como las cervezas o el cemento?

La preocupación, como digo, debe ir más allá del control monopólico que van a tener, el que sin duda será muy fuerte aunque algunas boticas de barrio sobreviven por ahí. Porque ahora como monopolio tienen también mucho más incentivos para hacer lobbies por normas que los favorezcan; después de todo, las ganancias están concentradas en una sola mano. Tienen también más incentivos para promover que se receten de productos de mayor costo y para trabar cualquier política de efectiva competencia que reduzca precios al consumidor. Por ejemplo, ¿qué posibilidades habrá ahora de que las farmacias de los hospitales y centros de salud, que tienen menores precios que en las farmacias, estén bien abastecidas y propagandizadas? En el momento en que se tomen iniciativas al respecto, ya el monopolio hará su lobby en contra y se encargará de poner barreras a su aplicación. ¿Podrá haber una mejor política de Digemid, la oficina del ministerio de salud encargada de regular las medicinas? Seguramente que lo que buscarán será que actúe más contra las pequeñas boticas y la informalidad, pero que voltee la mirada cuando se trate de esta nueva gran cadena monopólica.

El ministro Abel Salinas ha llamado a que se legisle sobre estas fusiones. Está claro que con estas declaraciones Abel Salinas actúa partidaristamente, dándole la mano a sus amigos apristas. A quien primero debiera hablarle Salinas es a la ministra de economía con quien comparte gabinete, ya que ha sido ella quien se ha opuesto a una ley que establezca el control previo de las fusiones monopólicas, como existe en toda Europa, Estados Unidos y la mayoría de países latinoamericanos.

Pero el ministro de salud no debiera solamente dar declaraciones. Hay muchas cosas que puede y debe hacer para aumentar la competencia y rebajar los precios de los remedios: promover los medicamentos genéricos, ampliar la competencia en bioequivalentes, hacer que la información al público llegue rápido y fácil, denunciar los abusos sin temor, ponerse firme ante las corruptelas judiciales, luchar contra las patentes injustificadas, fiscalizar con firmeza a las cadenas de boticas abusivas. Ministro, póngase las pilas y no sea “pura boquilla”.

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