Acerca los mitos de Fernando Tuesta sobre las izquierdas a propósito de Venezuela y la “unidad” de las izquierdas./ Álvaro Campana

Los temores de algunos se vuelven sus propios mitos, mitos que además atribuyen a otros, o aún peor son la expresión de sus propias renuncias a sus viejos ideales o simple repetición de lo que dicen las derechas. No me hace pensar otra cosa el post de Fernando Tuesta publicado en El Comercio (ver: https://elcomercio.pe/politica/dos-mitos-izquierda-fernando-tuesta-soldevilla-noticia-497378) sobre le mito de la “unidad” y la “solidaridad internacional”. Sobre lo primero, es cierto que ha habido una obsesión en torno a la unidad como fuente de resolución de todos los problemas en la izquierda. Pero la pregunta es, si en medio de la debilidad política, no es coherente pensar formas de articulación social y política de un conjunto de fuerzas que podrían ser afines. Y aún más, que en esas fuerzas, las que él alude, no podrían estar produciéndose procesos de maduración y transformación en los temas ideológicos y programáticos de corte democrático.

Tuesta fustiga por ejemplo el acercamiento del Nuevo Perú de Vero Mendoza a Gregorio Santos del MAS en torno a la constituyente. Aquí cabe una primera pregunta: ¿es un error proponer un proceso constituyente como salida política y democrática a la crisis por la que hoy atraviesa el país? ¿No se le ha ocurrido a Tuesta, además, que Goyo y el MAS podrían estar en un proceso de cambios para salir de su enclaustramiento radical para también apuntar a ser una opción de gobierno? ¿No puede ser esa su intención al acercarse a un sector que ha sido capaz de expresar las demandas de los sectores populares sino también a otros sectores “medios”, “emergentes” que podrían apuntar a cambiar cosas que en el Perú urge cambiar? Habiéndose afirmado que no hay interés en este acercamiento más que poner en discusión la necesidad de un proceso constituyente, hay sectores “progres” que prefieren ver cucos y no analizar la realidad más allá de los lugares comunes del establishment ya no solo político, sino también académico e incluso social.

Un segundo mito es el referido a la solidaridad internacional y una supuesta adhesión a Maduro del Nuevo Perú y su negativa a llamar dictadura al actual régimen venezolano. Sobre este punto igualmente es útil despejar los mitos de Tuesta. En el Nuevo Perú hay diversas posiciones sobre la situación venezolana que tienen que ver seguramente con el antimperialismo y la exigencia del respeto a la autodeterminación de los pueblos, a la solución dialogada y no injerencia que proclamara Porras ante la exclusión de Cuba de la OEA, que de “rojete” además no tenía nada y que muchos levantan como argumento; hasta principistas defensores de los mecanismos de protección de los derechos humanos hoy vigentes y de las instituciones liberales tradicionales. No hay pues ninguna incondicionalidad o el pago de alguna supuesta deuda con el chavismo, lo que hay es una posición más compleja que asume que una declaración del régimen venezolano como una dictadura no resuelve nada.

Es obvio que tal dilema (¿dictadura o democracia?), utilizado siempre por la prensa que se vendió a tantas dictaduras, que entrevista perros en la tele o hace escarnio de crímenes todos los días, una vez resuelto, no permitirá tener una posición adecuada y solidaria no con el gobierno venezolano, sino con la población -chavista y antichavista- que se halla entre un régimen cada vez más autoritario, corrupto e ineficiente y que no escatima medios para mantenerse en el poder; y un sector de la derecha, golpista, violentista que usa todos los medios para hacerse del poder y aplastar a quiénes puedan representar algo diferente y que no tiene empacho en exigir una intervención militar gringa.

En el Nuevo Perú consideramos que la salida a la crisis venezolana no es una intervención militar, ni hacer comparsa del intervencionismo gringo; tampoco insistir en que el régimen venezolano es solo la víctima de una conspiración mundial, lo que no implica que no haya interés en sus ingentes recursos petroleros. Política y programáticamente estamos muy lejos en muchas cosas, por lo demás. La salida no puede ser sino democrática, política y a eso debería apuntar la diplomacia peruana que irresponsablemente solo busca tapar la grave crisis que vive el Perú con cortinas de humo internacional, tratando de salvar el desastrozo gobierno del corrupto PPK que viene socavando nuestra propia democracia abriendo las puertas a una nueva solución autoritaria representada en el Fujimorismo. Lo anti-ético hoy sería no insistir en esta complejidad, no insistir en la necesidad del diálogo, no insistir en que debemos impedir una salida violenta en Venezuela por votos. Sería igualmente anti-ético quedarnos paralizados frente a la crisis peruana mientras en perspectiva se fortalece una salida autoritaria más que democrática que la creciente deslegitimación de PPK facilita. En esta perspectiva articular esfuerzos, más que forzar unidades electorales y ser solidarios con el pueblo venezolano -incluidos los migrantes- son sin duda una apuesta democrática y ética.

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