PPK y Venezuela: lo que no se quiere ver/ Alberto Adrianzén

El tema venezolano está siendo utilizado internamente por PPK y su gobierno.

En estos días estamos asistiendo a lo que sería uno de los mayores cambios de la política exterior peruana. Oswaldo de Rivero, diplomático peruano, acaba de afirmar que el reciente “incidente” que ha protagonizado la cancillería peruana respecto a la presencia del presidente venezolano, Nicolás Maduro, a la Cumbre de las Américas, es consecuencia de una diplomacia (se refiere a la peruana) “estrafalaria” y “esperpéntica” (Diario Uno: 19/02/18).

Y es que, en realidad, no estamos frente a un simple error diplomático sino más bien frente a una decisión que tiene dos objetivos muy claros: por un lado, convertir al Perú en el “peón de brega” de la estrategia norteamericana contra Venezuela en esta Cumbre; y b) utilizar al caso venezolano con claros fines de política interna en un contexto donde está en juego la presidencia de PPK.

Para comenzar diremos que no es cierto que el anfitrión define qué país viene o no a la Cumbre. Cualquier cambio respecto al desarrollo de ésta (agenda, invitados, etc.), es competencia de todos sus miembros. Por eso, como señala Oswaldo de Rivero existe el “Grupo de Revisión de la Implementación de Cumbres (GRIC), que es el mecanismo de preparación, organización y seguimiento de las cumbres”.

Es decir, el anfitrión no puede decidir unilateralmente. Este tema es tan evidente, como dice de Rivero, que los países miembros del llamado “Grupo de Lima” ni si quiere se dignaron “tomar nota” de la decisión peruana. Solo les quedó decir, por un mínimo de cortesía, que la “respetaban” que no es lo mismo que apoyarla o compartirla como ha dicho interesadamente la Canciller.

Por otro lado, la decisión de la cancillería de “desinvitar” a Venezuela -ya que en un inicio dicho país fue invitado a la Cumbre- se toma luego de la gira del Subsecretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, por varios países de la región, entre ellos el Perú, que pretendía, como han dicho varios medios de la región, aumentar “la presión sobre Venezuela”, incluyendo la posibilidad de un golpe militar como afirmó el propio Tillerson. (BBC: 02/02/18).

A los pocos días de esta declaración, el 07 de febrero, la oposición venezolana sorpresivamente pone fin a las negociaciones con el Gobierno de Maduro en República Dominicana. Esta decisión es tan extraña que el propio José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mediadores internacionales, en una carta a la oposición, la califica como de “inesperada”. Hace un par de días El País de España (20/02/18), tituló en su primera página: “Las elecciones en Venezuela dividen aún más a la oposición”. No es cierto, por lo tanto, que la decisión de poner fin a las negociaciones haya sido unánime en la oposición. Por eso Rodríguez Zapatero en la misma carta y reconociendo que es su “deber defender la verdad” les pide firmar dicho acuerdo para “lograr un compromiso histórico entre venezolanos” (El País:09/02/18).

Es difícil creer, por otro lado, que el gobierno de PPK defienda la democracia en Venezuela y en la región. La prueba no es solamente la presencia en esta Cumbre de un gobierno como el de Honduras cuyo presidente acaba de ser “reelegido” en medio de denuncias por la Misión Electoral de la OEA sobre graves irregularidades y pese a que la Constitución lo prohíbe, sino también porque el tema venezolano está siendo utilizado internamente por PPK y su gobierno.

Juan Carlos Valdivia ha dicho en un reciente artículo (El Montonero:20/02/18) que la estrategia de PPK para defender su presidencia, cuestionada por actos de corrupción, es “mostrando un enemigo ante el cual luchar: el comunismo que lo quiere vacar”. Es decir, cambiar el antifujimorismo, que fue lo que lo llevó a la presidencia, por el anticomunismo, para así establecer una alianza con Alberto Fujimori, la derecha más reaccionaria y los militares. Hace unos días el presidente ha dicho: “Viene una andanada de comunistas” para sacarlo del gobierno. En este contexto, su gobierno ha dejado de ser expresión de las elecciones de 2016. Una vez más, los que pierden terminan gobernando.

Por último, escribo estas líneas no para defender a un gobierno cuestionado como el de Maduro sino para insistir en la necesidad de una política exterior independiente y también para mostrar qué está detrás de este juego: la defensa de un presidente, como PPK, acusado de corrupto y el interés norteamericano por alinear a los países de la región a su estrategia antidemocrática.

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