Una cuestión de poder: disputa por la memoria, tecnocracia y arremetida fujireaccionaria/ Editorial

La última semana, uno de los temas que marcó agenda fue la denuncia del ex General y hoy Congresista Edwin Donayre de “evidencias de apología al terrorismo” en el Lugar de la Memoria (LUM). Como prueba mostraba un video de tres minutos. Lo rimbombante de la denuncia y la amplificación del tema por los medios de comunicación y la bancada fujimorista pusieron rápidamente el tema en primeras planas. Ante ello, la reacción del Ministerio de Cultura, entidad encargada del LUM, desde el inicio fue desacertada. Obviamente debía recibir a Donayre como debe hacerlo con todos los congresistas, lo que no tenía que hacer era darle todo el crédito a una prueba a todas luces amañada y no escuchar a la trabajadora que aparentemente cometía delito. Como se supo días después y no era difícil de averiguar, el videíto de Donayre se trataba de una prueba dolosa, que editaba tendenciosamente tres horas de una visita burdamente montada como una celada con la única intención de desprestigiar al LUM, fortalecer la impunidad y el negacionismo

La denuncia de Donayre, amplificada por los medios de comunicación y en el marco de la permanente cruzada fujimorista para “terruquear” a las izquierdas, derivó en la participación de la Ministra de cultura Patricia Balbuena y la viceministra de gestión pedagógica del MINEDU en una sesión conjunta de la Comisión de Cultura y educación del Congreso. En teoría el único punto de agenda era discutir la “evidencia de apología al terrorismo en el LUM” pero en realidad la sesión se abocó a disertar sobre la etapa de violencia que vivió el país entre 1980 y el 2000. De manera sistemática los congresistas del Fujimorismo expusieron sus ataques al Lugar de la Memoria, a la Comisión de la Verdad, a profesionales vinculados al LUM como José Carlos Agüero por ser “hijo de terroristas”, a términos como “conflicto armado interno” a relativizar las violaciones a los derechos humanos que comprometen a fuerzas armadas y policiales. Sólo las valientes intervenciones de las congresistas del Nuevo Perú Indira Huilca y Tania Pariona, contradijeron el concierto fujimorista, remarcando la importancia de conocer y recordar la verdad de lo ocurrido y valorar por igual la memoria de todas las víctimas.

En lugar de presentar la propuesta que su gestión tiene para el LUM y la política de memoria que piensa implementar, la ministra se limitó a avalar la denuncia de “apología al terrorismo” de Donayre dando como válido el video editado producto de una visita manipuladora, anunciando que la trabajadora estaba sometida a procedimiento administrativo e investigación policial. Sin más estrategia que congraciarse con la mayoría fujimorista, la ministra no intentó debatir los argumentos negacionistas, mucho menos intentó defender trabajadores y profesionales vinculados al LUM o algún avance de la institución. La sesión terminó con amenazas de interpelación de la Bancada de Fuerza Popular y la propuesta del congresista Petrozzi de crear una “Comisión investigadora del LUM y la política de memoria”. Las posteriores declaraciones de Vizcarra avalando la actuación de la ministra y afirmando que está preocupado por la “apología al terrorismo” terminan de confirmar cual será la postura del gobierno en la materia, y cuál va a ser una de las cuerdas sobre las que el Fujimorismo va a presionar al ejecutivo para hacerlo bailar a su ritmo.

Aunque el tema del pos conflicto armado y la arremetida negacionista, merece análisis más profundos, vale señalar que lo ocurrido en el LUM evidencia muy bien lo irresuelta de la crisis de régimen que acabó con la renuncia de PPK, con un Fujimorismo que busca recomponerse y controlar al ejecutivo. Muestra además la crisis casi terminal de la transición del 2000, que no pudo disputar a la memoria hegemónica del Fujimorismo y dejo instalada una Comisión de la Verdad cuyo Informe Final ninguno de los sucesivos gobiernos intentó siquiera empoderar. Hoy desde el poder que tienen en el Congreso, el Fujimorismo y sectores reaccionarios civiles y militares, buscan revisar toda la historia del conflicto armado interno y acomodarla a sus intereses. Aludiendo a una amenaza terrorista hoy inexistente la fuerzas reaccionarias avanzan en restringir derechos y consagrar un estado de excepción. Hoy usan al Lugar de la Memoria para apuntalar su discurso, terruquear a voces opositoras y avanzar en reacomodar el modelo neoliberal, subiendo los impuestos a la gente y exonerando a las grandes empresas.

Seguramente buena parte de la tecnocracia hoy en el gobierno piensa como el Fujimorismo y hasta avala las tesis negacionistas según las cuales vivimos exclusivamente el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, desconociendo que hubo miles de víctimas de las fuerzas armadas y policiales, que se quemaron peruanos y peruanas en el cuartel Los Cabitos, que todavía hay madres que buscan los restos de sus hijos. Quizá otra parte de la tecnocracia del gabinete Villanueva quiere incorporar matices y defender la “institucionalidad” del LUM y afianzar un discurso “neutral” de la violencia que no incomode al Fujimorismo. En ambos casos la tecnocracia se equivoca y demuestra no haber aprendido nada del desastre de Kuczynski. No hay punto neutral, no hay forma de conformar al Fujimorismo que no sea asumiendo totalmente cuanto diga y aun así ira por más, porque necesita controlarlo todo y llegar sin oposición al 2021.

 

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