Elecciones en Venezuela: la ceguera opositora y el triunfo de Maduro/ P. Manuel Tello

Acaba de culminar, en Venezuela, uno de los procesos electorales más controversiales de las últimas décadas. Este proceso se ha llevado a cabo en medio de un contexto de crisis política interna e internacional, así como un deterioro imparable de las condiciones de vida de la población.

¿Por qué, entonces, se da este triunfo? ¿Por qué en medio de la más grave crisis que recuerde el país pretrolero, puede Maduro, vencer a la oposición? Quizás las respuestas haya que buscarlas no en la genialidad del heredero de Chávez sino en el campo rival. En el campo de la oposición venezolana.

Quizás haya que buscar la respuesta en la ceguera opositora que fue incapaz de ponerse de acuerdo para elegir una candidatura unitaria. Los celos de liderazgos, por una parte, y el radicalismo por otra, determinaron una ruptura de lo que se conocía como la MUD (Mesa de la Unidad Democrática). De manera increíble la dirigencia opositora decidió abandonar la estrategia electoral (la única que les ha dado resultados) y al desestimar lo electoral el instrumento político (la MUD) dejó de tener sentido práctico. La aventura insurreccional del 2014 y la del año pasado terminó demoliendo las confianzas al interior de la dirigencia política opuesta al madurismo y trajo por tierra la representatividad ganada entre la ciudadanía opositora.

Ante ese entrampamiento surge la candidatura de Henri Falcón, un político surgido de filas del chavismo. Entre sus méritos está el haber sido un gobernador eficiente en el Estado Lara y –por qué no decirlo- el haber roto con el chavismo estando en vida el propio Chávez pero sin haber asumido posturas golpistas. El planteamiento de Falcón se basaba en una lógica sencilla pero sólida que se puede resumir así: Efectivamente, el proceso electoral tiene un conjunto de irregularidades e injusticias pero, aún gana, en Venezuela, el que moviliza más gente y vota. Y como en Venezuela la popularidad y aceptación del presidente Maduro es muy baja, solo bastaría con que los que se oponen voten para sacar a Maduro del poder. Eso o generar un nuevo escenario político que, un debilitado Maduro, no podría aguantar.

Sin embargo los sectores de la MUD (hoy Frente Amplio), en lugar de buscar consensuar una respuesta electoral común decidieron optar por apostar todo a la presión internacional desconociendo a Maduro como presidente y rechazando estas elecciones por ilegítimas. Al mismo tiempo se dedicaron a bombardear la candidatura de Falcón, acusándolo de chavista encubierto y peores cosas. Es así que en los dos meses que duró la campaña se ha dado un espectáculo bochornoso e incomprensible de ataques entre los propios opositores en lugar de –como la lógica más elemental indica- sumar esfuerzos dentro de la diversidad para derrotar a Maduro. Esto generó un clima favorable a un Maduro debilitado. Por un lado, la prédica abstencionista del sector opositor más reaccionario, le convenía pues Maduro no iba a poder ganar sino por ausencia del adversario. Maduro no ganas en realidad por tener más votos sino por haber logrado espantar más los votos opositores. Por haber contribuido a que se alejen de creer en la posibilidad de una salida electoral.

Por supuesto que los Estados Unidos han puesto de su parte. Ellos (y el grupo de Lima) han decidido apoyar a los sectores menos democráticos de la oposición venezolana otorgando representatividad y vocería a sus miembros más reaccionarios. A la par se viene incrementando la presión financiera sobre Venezuela. Inicialmente se trataba de sanciones individuales contra figuras claves del gobierno. Sin embargo, se ha pasado a un proceso de agresión y bloqueo de muchas actividades financieras del gobierno venezolano que busca derrotarlos por asfixia.

Estamos pues ante un nuevo episodio de la larga crisis venezolana. Un verdadero culebrón. Pero un culebrón trágico. Muchos países han desconocido los resultados del proceso –y otros el proceso en sí-. Sin embargo Maduro y lo que queda del chavismo se mantienen en el poder. No se descarta una locura intervencionista militar de los EEUU. Pero también parece haber indicios del surgimiento de una oposición distinta. Una oposición que está dispuesta a dialogar y a buscar cambios por vías que no pasen por desconocer el pasado, que entiende que el chavismo es parte de Venezuela y tiene derecho a existir y que es por la vía electoral y de masas en que las cosas pueden cambiar. De este modo toman distancia del Departamento de Estado y del extremismo mayamero.

Por el momento, el peor enemigo de Maduro sigue siendo él mismo. Él y su incapacidad para resolver la crisis económica –cada vez más grave- en la que se encuentra Venezuela. La oposición ha perdido una valiosa oportunidad de sacar a Maduro del gobierno. Y las oportunidades perdidas, en política, se pagan caro.

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