Patria. Comentarios al libro de Fernando Aramburú/ Alberto Gálvez Olaechea

Acabo de terminar de leer una novela que se me hace difícil de clasificar y más difícil aún de asimilar. Narra la vida de dos familias vascas unidas al principio por la amistad y luego por un hecho de sangre: una aporta la víctima, la otra el victimario.

En el medio está ETA y la historia reciente del país Vasco.

Nos muestra una comunidad escindida, la forma como se acumulan los enconos, las rabias y el miedo. Miedo de principio a fin.

Aparece claramente que sea cual fuere la razón esgrimida para el inicio de una guerra (intereses económicos o geopolíticos, móviles religiosos o ideológicos) una vez que está arranca produce sus propias razones. La destrucción y la muerte que la guerra ocasiona va redefiniendo los campos, va configurando las alianzas, a la vez que polariza y deja poco espacio para las posturas intermedias.

En el caso de Patria, los familiares de la víctima, un pequeño empresario que se ha negado a pagar un cupo, se ponen contra ETA, con fundados motivos. Al otro lado, la madre del joven militante se sitúa a su lado, por los suyos propios, mientras que los hermanos lo rechazan. El padre navega ambiguo en medio de estas respuestas tan encontradas.

El asesinato ha hecho estallar las vidas de ambas familias. La de la víctima, por una muerte traumática que no solo deja ausencias, sino el abrumador sentimiento de injusticia. A título de qué un individuo o un grupo se irroga el derecho de quitar la vida?. La amargura y el rencor envenenan sus vidas mutiladas.

En la familia del victimario las cosas no son mucho mejores. Una larga condena encarcela no solo al individuo. Todo el entorno queda atrapado en los muros. La madre que lo visita, el padre que se niega a hacerlo pero que se siente mal por ello, los hermanos que cargan la culpa de un crimen que no cometieron.

En el mismo joven militante el tiempo va minando sus certezas. La arrogancia de los primeros años de una resistencia feroz, van dejando paso al examen de conciencia.

En el ánimo de la viuda va cobrando forma una nueva emoción. Quiere comprender, pero sobre todo, necesita que el victimario le pida perdón por el daño infligido. Sabe que eso no resucitará al marido, pero que le restituirá su dignidad de hombre bueno y sobre todo le permitirá dejar la carga de odio que le amarga la existencia. Comienza una aproximación sanadora, que no es imposición desde arriba, sino encuentro desde abajo. No se puede obligar a nadie a pedir perdón, menos aún a una víctima, a concederlo.

En fin, una novela bien llevada, bien escrita. Pero su mayor mérito es, desde mi punto de vista, que no presenta una visión maniquea, un mundo simplificado de buenos y malos. Están los matices, los grises, a los que invoca Primo Levi, sin los cuales no comprendemos nada.

De las novelas peruanas que he leído, las que más se acercan a esa pretensión abarcadora del tema del conflicto armado son Radio ciudad perdida, de Daniel Alarcón y El camino de regreso de José de Piérola. Hay seguro otras que intentaré leer, pues Patria me ha reforzado la idea de que será desde la literatura que empezarán a encontrarse las rutas de salida de esta guerra simbólico-política en la que seguimos atrapados tras el final del conflicto real. Son batallas de la memoria, de los sentidos y, lamentablemente -aunque no podía ser de otro modo- del aprovechamiento político y las estrategias de poder.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: